El punto de partida fue el propio nombre: Mar. El mar como territorio en transformación constante. Como fuerza que erosiona, depura y deja solo lo esencial. Esa idea de exploración, profundidad y refinamiento progresivo conecta directamente con la lógica de la inversión: analizar, intervenir, transformar. La identidad se inspira en esa tensión entre naturaleza y racionalidad.
Partimos de una base clásica: LTC Bodoni 175 Pro. Una tipografía racional, elegante y estructural. Sobre ella aplicamos cortes, secciones y ajustes de kerning para generar un logotipo propio. La “M” se transforma en rasgo identitario. Los cortes remiten al oleaje y a la acción transformadora del mar, pero desde una lectura abstracta y sofisticada. El resultado es un logotipo sobrio, con tensión interna y equilibrio formal.
La identidad se estructura mediante proporciones claras y espacios de seguridad definidos. El logotipo puede convivir con variantes o desarrollarse como isologotipo, manteniendo coherencia formal. Las aplicaciones —como la papelería corporativa— trasladan esa lógica estructural al detalle físico, reforzando el posicionamiento premium.